Entrevista al Prof. Lillas Pastia de la Universidad de Kavadrtsi

Distinguida profesora

Mina A. Navarro

Secretaría de Redacción

Nostromo

revista crítica latinoamericana

De mi consideración

Por este medio remito mis respuestas al cuestionario que gentilmente me hizo llegar la coordinación editorial de su espléndida revista.

1. ¿Cree Vd. en el sistema?

No creo en el sistema. Por eso no tengo teléfono celular, ni tarjeta de crédito, ni cuenta bancaria, ni televisión. Tampoco creo en los que preconizan el antisistema o el antisistemismo. No voto ni milito; no creo en los políticos, no creo en la política. Diariamente veo los titulares de un par de diarios, como para estar al tanto de ciertos temas de los cuales algunos de mis amigos se empecinan en hablar. Aunque no creo en los diarios –me dan, literalmente, asco–, sí creo que es importante conversar con los amigos; para eso hay que manejar una onomástica mínima, un tono, un resentimiento genérico; algo de eso se encuentra en los periódicos. Apenas si tengo empleo, aunque trabajo mucho, dado que tampoco creo en el hedonismo ocioso ni en la autodestrucción.

2. ¿Ha habido casos de gripe A en su país? ¿Se siente Vd. enfermo en este momento?

A pesar de todo lo anterior, no diría que estoy enfermo. Tampoco me definiría como nihilista. Fuera de eso, me doy cuenta de que no creo en una parte del ideario de la Ilustración. Quizá sea éste un tipo de enfermedad. Mi psicoanalista no sabe bien. Básicamente, no creo en esa tontería habermasiana de la esfera pública ni, tampoco, en la idea según la cual las prácticas humanas –al menos las del hombre actual– pueden ser ordenadas con base en fundamentos racionales. Más específicamente, no creo en la democracia sin adjetivos ni en las instituciones que dicen sostenerla; por supuesto, tampoco creo en el progreso moral ni social, que es distinto al progreso tecnológico. No ha habido nada de eso, quiero decir, esfera pública, fundamentos racionales, democracia, progreso moral. Algunos piensan que es preciso distinguir entre el ideario, que hay que defender, y su (no) efectuación, que hay que denunciar. Yo no sé. Sólo sé que lo que ha habido y hay es una jungla infernal, donde prevalecen los más fuertes, viviendo de los otros, de la mentira, de la confusión. Ésa es la realidad objetiva, la que debiera estudiar la ciencia positivista, si pudiera ser algo más que la comparsa ridícula que es. Lo que habido y lo que hay es el Poder, sus múltiples rostros y representaciones. El Dinero, fundamento elemental, aunque no único, del Poder. Las pulsiones, la voracidad insaciable. Hay, como decía Hannah Arendt, la estadística social al servicio de la manipulación; del otro lado, hay estupidez, impotencia, desinformación. La humildad de los simples, si quiere ver la faceta positiva de ese otro lado. Pero, ¿están esos simples dentro de la Historia…?

3. ¿Qué piensa Vd. de la epidemia de gripe A?

Hay que terminar con los fetichismos. El dadaísmo político sería una buena solución. Un buen principio. Gritar ciento cuarenta y siete veces y seguir encontrándose simpático. Un amigo habla de instituir el terrorismo dadaísta. La expresión es un oxímoron, claro: instituir, dadaísmo, no son palabras que se puedan juntar. Pero este amigo las junta y las mezcla: ¿no lo hizo también, en su país, el pri? Mi amigo habla de secuestrar ricos, de hacerlos confesar el origen espurio de su riqueza. De simular fusilamientos de banqueros, senadores y princesas. De escenificar el Juicio Final a todos los poderosos. Él representaría a Dios, desde luego. Todo con alegría y amor. Es simpático, mi amigo el que tiene esas ideas. Yo le digo que escriba una novela a partir de todas esas cosas, ciertamente impracticables en las actuales condiciones. Pero él dice que se está organizando, que tiene cuadros.

4. ¿Cómo evalúa Vd. el desempeño del gobierno ante la epidemia de gripe A?

El fascismo no es Felipe Calderón. El fascismo fue un hecho formidable porque abrazó abiertamente, sin máscaras, la opción por el Poder. Fue, desde luego, un hecho inmoral, una opción inmoral. Desde mi punto de vista, el problema del fascismo no fue su insinceridad, sino su inmoralidad. Pero también es moral el problema de nuestra sociedad, de nuestro tiempo. Hasta hoy, nuestra sociedad es Poder con máscaras. Es una sociedad, quizá, más insincera que la fascista. Las máscaras de nuestra sociedad son cada vez más frágiles, más evanescentes, pero, a la vez, son cada vez más innecesarias. El hecho de que esas máscaras se estén haciendo innecesarias y de alguna manera se vayan esfumando no conduce automáticamente a una mayor visibilidad del Poder. Éste no tiene necesidad de exhibirse ni de volverse afirmativo. La amoralidad afirmativa del fascismo no es equivalente a la amoralidad prescindente de nuestra sociedad, que es una sociedad cínica. Ésa es una diferencia, pero, le pregunto a Vd., ¿se trata de una diferencia importante? Sabemos que contra el Poder fascista se pudo luchar y vencer, aunque hubo autores que en su tiempo dijeron que el nazismo había ganado la segunda Guerra. No sabemos qué irá a suceder con este Poder que nos domina. Quizá el cinismo brumoso sea una de las condiciones básicas de su fabulosa capacidad de reproducción.

5. ¿Hay para Vd. algún simbolismo subyacente en torno a la epidemia de gripe A?

La hermenéutica… Hay un cuadro de El Greco, sobre el Apocalipsis; hay un cuadro de Goya, un retrato de Fernando VII; hay otros cuadros de Goya… He pensado en todo eso. Pero no sabemos nada. Ni siquiera conocemos bien los hechos duros: si hubo virus, si todavía lo hay, si fue mortal, si lo sigue siendo; todo es confuso. Sin embargo, sí sabemos una cosa: sin virus, nadie habría hecho más de lo que hizo o no hizo con el virus. El virus no era necesario para callarnos o inmovilizarnos. Estábamos callados e inmovilizados antes, y vamos a seguir estándolo ahora. Y si por acaso dejáramos de estarlo, a nadie le importaría. Y si a alguien llegase a importarle, en el sentido de resultarle demasiado perturbadora nuestra palabra o nuestra inquietud, nos exterminaría con alegría y amor, con la misma alegría y amor de mi amigo neodadaísta, pero de verdad.

6. ¿Se parece Vd. al Ché Guevara? (*)

Sí y no. Físicamente no, desde luego que no: soy viejo, chaparro, gordo y pelón. Lo que me acerca al Ché es el fundamentalismo moral; lo que me aleja de él es mi exasperante falta de entusiasmo. Me dicen que la falta de entusiasmo puede ser falta de sueño, o de alguna vitamina. Pero mi falta de entusiasmo se refiere puntualmente a una serie de cosas en las que el Ché creyó, una serie de cosas por las que acabó siendo asesinado y también, quizá, al hecho de que a casi nadie le importó su tragedia. Eso tiene que ver, Vd. seguramente lo aprecia, con mi escepticismo acerca de las posibilidades de efectuación del ideario ilustrado. Hay otras cosas que me entusiasman, aunque no quisiera robar espacio de su revista hablando sobre mí mismo. Me había olvidado: tampoco creo en la revolución ni en sus diversos hijos bobos. Es cierto que en algunas madrugadas despierto sobresaltado, como cautivo de un entusiasmo exuberante, que se relaciona, o al menos así lo creo, con la imagen vívida de una enorme barahúnda incontenible, donde algunos se dan el gusto, por fin, de pasar a cuchillo a otros. Acaso el saldo resultante de una cosa así redunde en un beneficio general; sin embargo, dudo de que por esa vía nos dirijamos hacia la efectuación de alguna idea buena.

7. ¿Por qué? (**)

Porque creo que no puede haber efectuación de ideas buenas si no hay Dios –eso me lo enseñó mi abuela, que era de la misma religión que Dostoievski– o metáforas de dios –eso me lo enseño un autor que no está de moda ahora. Nuestra sociedad, nuestro tiempo, no sólo ha asesinado a Dios –a un Dios que seguramente merecía morir–, sino que además no fue capaz de inventarse metáforas sustitutas perdurables. Las que se introdujeron, fracasaron estrepitosamente. Hoy, ni siquiera se hacen nuevos intentos. La muerte de Dios fue seguida por la muerte del espíritu, que es un hecho más grave.

8. ¿Qué recomienda Vd.?

Todos estamos cansados, y queremos que se nos deje consumir en paz. Por eso es la nuestra una sociedad sin fe. Y porque es una sociedad sin fe, y cansada, no tiene, desde hace décadas, un Arte, ni una Filosofía, ni una Moral, ni nada de lo que se tiene cuando se tienen esas cosas. Algo así decía Cornelio Castoriadis, un autor nacido el mismo año en que el Guty Cárdenas empezó a estudiar contaduría en la ciudad de México. A mí me gusta mucho el Guty Cárdenas, sobre todo porque grabó una canción que celebraba la proclamación de la segunda república española y también porque murió joven, por motivos que todavía se debaten, pero que interesan en cualquier caso. Castoriadis, por su parte, no hablaba de fe ni de metáforas de dios; tenía otro lenguaje. Pero para responder a su pregunta, lo que yo recomiendo es que sigamos consumiendo en paz. Eufóricamente. Jamás hemos estado tan lejos del espíritu.

Sin otro particular por el momento, le reitero el testimonio de mi consideración y le envío un atento saludo,

Prof. Lillas Pastia

Universidad de Kavadrtsi

Traducción de Jonathan López García

Especial para Nostromo


* Esta no era la pregunta original de la encuesta. Apareció así debido a un error de traducción. Reproducimos de todas maneras la respuesta del Prof. L. Pastia porque ilumina otros aspectos de su pensamiento.

** Ídem anterior.

*** Nostromo quiso volver a consultar al Prof. Pastia, pero nos informan que su estado de salud es delicado. En su última intervención pública insistió sobre el hecho de que la gripe A era un ardid para engañar al peladaje. Nostromo quiso ahondar en la interpretación. Sin embargo, al terminar su conferencia el Prof. Pastia se convirtió en cerdo y comenzó a escupir un líquido verde. Un correo enviado por un lector que quiso preservarse en el anonimato asegura que se trató de un atentado.

2 comentarios

  1. Detrás del atentado al Prof. Pastia están los intereses de la UMC, la multinacional del moco.

  2. Detrás del atentado al Prof. Pastia están los intereses de la UMC, multinacional del moco.

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