Me encontré un libro-blog. Se trata de las memorias, apuntes, chistes, sueltos e ideas geniales de Macedonio Fernández. El libro se llama Cuadernos de todo y nada y yo me lo encontré semiarrumbado en la biblioteca de la Universidad Iberoamericana en uno de esos días en los que uno se pasea sin saber qué es lo que quiere, pero con la sospecha de que algún volumen extenderá sus bracitos-solapa diciendo “llévame, llévame”. Pero, fiel a su dueño, el libro no dijo eso, sino que más bien me miró de reojo, con cierto desdén, después se dedicó a seguirme por entre los estantes de los PQ y a hacerse güey. Hasta que, en determinado momento, dije: “Órale, va”. Y me lo llevé a casa. Pensando, ingenuamente, que yo le había hecho un favor al librillo amarillo, cuando en realidad, el que hizo que me pasara un buen rato leyendo en el metro, algo que no hacía hace mucho tiempo, fue este volumen casi inédito de MF.Amar es encontrar en otro más gracia en el vivir que en uno, o por lo menos igual gracia si uno la posee muy fina, delicada. Poco importa que sea un niño, un varón o una mujer. ¿Qué es ese encanto de la gracia de la vida en otra persona? Son momentos de felicidad de la vida en esa otra persona.
Reflexiona sobre la vida tanto como sobre la literatura, y esa reflexión es continua, anárquica, visceral. Es decir, harto estimulante.
Muchos libros son unos mamarrachos, porque es cosa penosísima hacer una buena novela.
Conseguir un gran interesamiento, horrorizar, conmover… Con poco que le den, el lector se complace, pues él pone todas las pasiones o deseos. Para un hombre que despierto o durmiendo sueña con ser rico, es nada lo que el autor debe poner para darle el mayor gusto.
Fernández es un tipo cuya mayor gracia residía en ser tremendamente práctico. Si bien el humor está asociado a su quehacer literario, es cierto que su visión acerca de la vida también tiene ese dejo de practicidad. Varias ocasiones a lo largo del texto regresa sobre la cuestión de la fealdad y la belleza en el ser humano. Menciona, por ejemplo:
Bella es una persona cuya figura tiene más analogías o referencias a lo doloroso. Porque en realidad fea es una persona que no expresa vitalidad, que no expresa inteligencia, gran voluntad, sexualidad activa si receptiva, afectividad, benevolencia. Ahora, puede faltarle todo esto y ser bonita, pero no ser bella o fea. (Lo bonito es sensorialidad de color, líneas, en tanto que lo bello o feo es una expresión de las propiedades o facultades que conducen a la larga vivencia y a la armonía con los demás, o sea lo emocional-teleológico, mientras lo bonito es lo sensorial, ni teleológico ni antiteleológico.) Cuando vemos una cara muy fea nos parece -y con mucha razón- que expresa dolor o miedo, porque todo lo que es emocional tiene historia, tiene referencia a lo vivencial, a la inteligencia, en tanto que lo sensorial no tiene referencia a nada: una cara negra puede vivir tanto tiempo y ser tan inteligente como una blanca. [?]
La burla y la reflexión acerca de los propios sentimientos es algo que pone en entredicho con un humor más que ácido. Si bien se supone que en la cuestión amorosa lo que uno desea es el amor y el deseo del otro. Para el autor pareciera que esta visión le da, simple y llanamente, hueva. Y que una persona que se involucra en una relación sólo para hacerse partícipe del deseo del otro, es un individuo, a lo más, patético.
Decirle a una mujer “amadme” es la prueba de que se es un fatuo imposible y de que no se ama.
“Usted es un hombre que me pone inapetente”, debería contestarse.
La política, la academia, la ciencia son temas que no escapan a su pluma, a esa ferocidad con que inicia sus esfuerzos de comprensión y de destrucción de los supuestos. Contra la hipocresía y la inutilidad de diversas instituciones. Cuestiona en algún sitio cuáles son los males que ha solucionado determinada institución, argumentando que, precisamente, la incapacidad para solucionar los problemas que se pretende exterminar es lo que permite la existencia de todos esos males. Contra la espontaneidad, por ejemplo:
–Improvisó un discurso el general F.
–Si lo lee mal está perdido.
O acerca de la manera en que los líderes políticos han tergiversado las intenciones primeras de determinadas ideologías:
El capitalismo es una vocación muy interesante e inteligente, a la cual nada tenemos que agradecerle en sus afanes por Precios pero mucho en los afanes por mucha, buena y barata Producción. Lástima que el Capitalismo pierde toda su gracia cuando se cree Propietarismo y hasta Moral; lo cómico es que los grandes fundadores de patrimonios no son felizmente individuos de talante insolente, de tufo a Propietario; sus vástagos inútiles y tontos se encargan de la infatuación de propietarios.
Finalmente, sobre la necesidad de expresar abiertamente lo que sentimos, lo que somos, lo que queremos:
La Felicidad y la Soledad si no nos las ven no las tenemos.
Macedonio Fernández es un autor que se ubica en esa línea insólita que va caracoleando entre Jorge Ibargüengoitia, Ambroce Bierce, Emile Michel Cioran, Roberto Fontanarrosa y Miguel de Cervantes (ajá), es decir, un autor que no cree en la sacralización, ni en las momias, ni en la solemnidad. Cree en la inteligencia y el humor, en cómo éstos pueden modificar de manera completa la naturaleza del lenguaje. No sin razón, Borges llegó a decir de él:
En el decurso de una vida ya larga he conversado con personas famosas; ninguna me impresionó como él o siquiera de un modo análogo. [...] La erudición le parecía una cosa vana, un modo aparatoso de no pensar. En un traspatio de la calle Sarandí, nos dijo una tarde que si él pudiera ir al campo y tenderse al mediodía en la tierra y cerrar los ojos y comprender, distrayéndose de las circunstancias que nos distraen, podría resolver inmediatamente el enigma del universo. No sé si esa felicidad le fue deparada, pero sin duda la entrevió.
Lo más lindo del texto y que justifica el título del post, es que el libro parece una bitácora que, de haber vivido Macedonio en estos días, hubiese funcionado a la perfección como diversos posts de blog. Separados por una viñeta en espiral, los textos se presentan anárquicos, variados, de humores dispares, inteligentes, anodinos, con continuidad, sin ella. Como un blog. Eso animará leerlo o, dependiendo de la afición a la bitácora electrónica, pasar de éste.
Macedonio Fernández, Cuadernos de todo y nada, Buenos Aires, Corregidor, 1989.
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Que curiosa forma de toparse con Macedonio. Resulta que hace tiempo un amigo me dijo: “topa esto, te va a encantar, es el otro Borges” y yo me imagine un tipo genialmente fantástico, pero menos aburrido. Vaya, la verdad es que uno se puede imaginar de todo si se piensa en “el otro Borges”, y de momento me lo imaginé más mundano, jugando con insectos y muy lejos de la biblioteca (donde por lo visto todavía se da sus vueltas). Bueno, la cosa es que me puse a leer algunos cuentos suyos y me fascine por su habilidad retórica y por la lucidez con que maneja temas tan serios, sin perder el humor ni tornarse solemne. Es en definitiva un tipo fascinante y me alegra saber que todavía hay quién lo recuerde o cuando menos quién se lo tope por ahí espiando en los pasillos. Entonces gracias por la reseña, esperemos promueva la lectura de M.F. y lo salve del olvido en que lo tienen acá en México, donde sólo se lee a Borges a Fuentes, a Paz y Marqués, o de plano no se lee.
Así es, estimado P. M. E., la literatura de Macedonio Fernández sobresale por lo original, entretenido y humorístico de su propuesta. En México podría comparársele con un autor como Jorge Ibargüengoitia, con la diferencia de que mientras el mexicano reflexiona de manera aparentemente superficial sobre las cuestiones cotidianas; el argentino lo hace de manera aparentemente profunda sobre cuestiones más generales (hasta existenciales, se podría decir).
Más allá del humor, existe un jugueteo constante con el lenguaje, con la trama, con los supuestos, con los géneros y con los clichés de la literatura. Es un desconstructor, si cabe el término. Desmenuza para mostrar lo ridículo de lo solemne, o lo solemne de lo ridículo.
La idea del “otro Borges” tal vez va en el sentido de que debería ser una figura canónica, dentro de la tradición latinoamericana, en el mismo sentido que lo es JLB [por cierto, a varios se le pararon los pelos con eso del "pero menos aburrido].
Un saludo.