Plan de reactivación económica del gobierno mexicano

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Ante la importante derrama económica dejada de percibir en México a causa de la presente contingencia sanitaria, especialmente en su capital, las autoridades de ese país han diseñado un importante plan de “eactivación económica. Uno de los sectores  que más ha resentido el impacto de las medidas de aislamiento social, ha sido el de la industria del entretenimiento. De ahí la preocupación, por parte de los diseñadores del plan, de implementar acciones especialmente dirigidas a la sensibilidad y gusto del mercado local, ejemplo de esto son los reestrenos y adaptaciones de las películas que han obtenido altos niveles de recaudación en taquilla en el país, (sin mencionar los ingresos captados por el mercado de la piratería). Además, empresas de programación de videojuegos, como CAPCOM, han decidido atender de manera focalizada, la creciente demanda de este nicho económico. Las tiendas departamentales y de electrónica atribuyen el aumento de ventas en este rubro, a la desafortunada suspensión de actividades escolares a nivel federal, que van desde guardería hasta posgrado. La finalidad última de la industria del entretenimiento y las autoridades, es la ofrecer a los mexicanos productos cercanos a su realidad  inmediata, de manera que se sientan  fuertemente identificados y puedan librar así, tranquilamente, la neurosis colectiva generada por la epidemia de influenza que azota al país latinoamericano como marea de spots en plena campaña electoral.

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Entrevista al Prof. Lillas Pastia de la Universidad de Kavadrtsi

Distinguida profesora

Mina A. Navarro

Secretaría de Redacción

Nostromo

revista crítica latinoamericana

De mi consideración

Por este medio remito mis respuestas al cuestionario que gentilmente me hizo llegar la coordinación editorial de su espléndida revista.

1. ¿Cree Vd. en el sistema?

No creo en el sistema. Por eso no tengo teléfono celular, ni tarjeta de crédito, ni cuenta bancaria, ni televisión. Tampoco creo en los que preconizan el antisistema o el antisistemismo. No voto ni milito; no creo en los políticos, no creo en la política. Diariamente veo los titulares de un par de diarios, como para estar al tanto de ciertos temas de los cuales algunos de mis amigos se empecinan en hablar. Aunque no creo en los diarios –me dan, literalmente, asco–, sí creo que es importante conversar con los amigos; para eso hay que manejar una onomástica mínima, un tono, un resentimiento genérico; algo de eso se encuentra en los periódicos. Apenas si tengo empleo, aunque trabajo mucho, dado que tampoco creo en el hedonismo ocioso ni en la autodestrucción.

2. ¿Ha habido casos de gripe A en su país? ¿Se siente Vd. enfermo en este momento?

A pesar de todo lo anterior, no diría que estoy enfermo. Tampoco me definiría como nihilista. Fuera de eso, me doy cuenta de que no creo en una parte del ideario de la Ilustración. Quizá sea éste un tipo de enfermedad. Mi psicoanalista no sabe bien. Básicamente, no creo en esa tontería habermasiana de la esfera pública ni, tampoco, en la idea según la cual las prácticas humanas –al menos las del hombre actual– pueden ser ordenadas con base en fundamentos racionales. Más específicamente, no creo en la democracia sin adjetivos ni en las instituciones que dicen sostenerla; por supuesto, tampoco creo en el progreso moral ni social, que es distinto al progreso tecnológico. No ha habido nada de eso, quiero decir, esfera pública, fundamentos racionales, democracia, progreso moral. Algunos piensan que es preciso distinguir entre el ideario, que hay que defender, y su (no) efectuación, que hay que denunciar. Yo no sé. Sólo sé que lo que ha habido y hay es una jungla infernal, donde prevalecen los más fuertes, viviendo de los otros, de la mentira, de la confusión. Ésa es la realidad objetiva, la que debiera estudiar la ciencia positivista, si pudiera ser algo más que la comparsa ridícula que es. Lo que habido y lo que hay es el Poder, sus múltiples rostros y representaciones. El Dinero, fundamento elemental, aunque no único, del Poder. Las pulsiones, la voracidad insaciable. Hay, como decía Hannah Arendt, la estadística social al servicio de la manipulación; del otro lado, hay estupidez, impotencia, desinformación. La humildad de los simples, si quiere ver la faceta positiva de ese otro lado. Pero, ¿están esos simples dentro de la Historia…?

3. ¿Qué piensa Vd. de la epidemia de gripe A?

Hay que terminar con los fetichismos. El dadaísmo político sería una buena solución. Un buen principio. Gritar ciento cuarenta y siete veces y seguir encontrándose simpático. Un amigo habla de instituir el terrorismo dadaísta. La expresión es un oxímoron, claro: instituir, dadaísmo, no son palabras que se puedan juntar. Pero este amigo las junta y las mezcla: ¿no lo hizo también, en su país, el pri? Mi amigo habla de secuestrar ricos, de hacerlos confesar el origen espurio de su riqueza. De simular fusilamientos de banqueros, senadores y princesas. De escenificar el Juicio Final a todos los poderosos. Él representaría a Dios, desde luego. Todo con alegría y amor. Es simpático, mi amigo el que tiene esas ideas. Yo le digo que escriba una novela a partir de todas esas cosas, ciertamente impracticables en las actuales condiciones. Pero él dice que se está organizando, que tiene cuadros.

4. ¿Cómo evalúa Vd. el desempeño del gobierno ante la epidemia de gripe A?

El fascismo no es Felipe Calderón. El fascismo fue un hecho formidable porque abrazó abiertamente, sin máscaras, la opción por el Poder. Fue, desde luego, un hecho inmoral, una opción inmoral. Desde mi punto de vista, el problema del fascismo no fue su insinceridad, sino su inmoralidad. Pero también es moral el problema de nuestra sociedad, de nuestro tiempo. Hasta hoy, nuestra sociedad es Poder con máscaras. Es una sociedad, quizá, más insincera que la fascista. Las máscaras de nuestra sociedad son cada vez más frágiles, más evanescentes, pero, a la vez, son cada vez más innecesarias. El hecho de que esas máscaras se estén haciendo innecesarias y de alguna manera se vayan esfumando no conduce automáticamente a una mayor visibilidad del Poder. Éste no tiene necesidad de exhibirse ni de volverse afirmativo. La amoralidad afirmativa del fascismo no es equivalente a la amoralidad prescindente de nuestra sociedad, que es una sociedad cínica. Ésa es una diferencia, pero, le pregunto a Vd., ¿se trata de una diferencia importante? Sabemos que contra el Poder fascista se pudo luchar y vencer, aunque hubo autores que en su tiempo dijeron que el nazismo había ganado la segunda Guerra. No sabemos qué irá a suceder con este Poder que nos domina. Quizá el cinismo brumoso sea una de las condiciones básicas de su fabulosa capacidad de reproducción.

5. ¿Hay para Vd. algún simbolismo subyacente en torno a la epidemia de gripe A?

La hermenéutica… Hay un cuadro de El Greco, sobre el Apocalipsis; hay un cuadro de Goya, un retrato de Fernando VII; hay otros cuadros de Goya… He pensado en todo eso. Pero no sabemos nada. Ni siquiera conocemos bien los hechos duros: si hubo virus, si todavía lo hay, si fue mortal, si lo sigue siendo; todo es confuso. Sin embargo, sí sabemos una cosa: sin virus, nadie habría hecho más de lo que hizo o no hizo con el virus. El virus no era necesario para callarnos o inmovilizarnos. Estábamos callados e inmovilizados antes, y vamos a seguir estándolo ahora. Y si por acaso dejáramos de estarlo, a nadie le importaría. Y si a alguien llegase a importarle, en el sentido de resultarle demasiado perturbadora nuestra palabra o nuestra inquietud, nos exterminaría con alegría y amor, con la misma alegría y amor de mi amigo neodadaísta, pero de verdad.

6. ¿Se parece Vd. al Ché Guevara? (*)

Sí y no. Físicamente no, desde luego que no: soy viejo, chaparro, gordo y pelón. Lo que me acerca al Ché es el fundamentalismo moral; lo que me aleja de él es mi exasperante falta de entusiasmo. Me dicen que la falta de entusiasmo puede ser falta de sueño, o de alguna vitamina. Pero mi falta de entusiasmo se refiere puntualmente a una serie de cosas en las que el Ché creyó, una serie de cosas por las que acabó siendo asesinado y también, quizá, al hecho de que a casi nadie le importó su tragedia. Eso tiene que ver, Vd. seguramente lo aprecia, con mi escepticismo acerca de las posibilidades de efectuación del ideario ilustrado. Hay otras cosas que me entusiasman, aunque no quisiera robar espacio de su revista hablando sobre mí mismo. Me había olvidado: tampoco creo en la revolución ni en sus diversos hijos bobos. Es cierto que en algunas madrugadas despierto sobresaltado, como cautivo de un entusiasmo exuberante, que se relaciona, o al menos así lo creo, con la imagen vívida de una enorme barahúnda incontenible, donde algunos se dan el gusto, por fin, de pasar a cuchillo a otros. Acaso el saldo resultante de una cosa así redunde en un beneficio general; sin embargo, dudo de que por esa vía nos dirijamos hacia la efectuación de alguna idea buena.

7. ¿Por qué? (**)

Porque creo que no puede haber efectuación de ideas buenas si no hay Dios –eso me lo enseñó mi abuela, que era de la misma religión que Dostoievski– o metáforas de dios –eso me lo enseño un autor que no está de moda ahora. Nuestra sociedad, nuestro tiempo, no sólo ha asesinado a Dios –a un Dios que seguramente merecía morir–, sino que además no fue capaz de inventarse metáforas sustitutas perdurables. Las que se introdujeron, fracasaron estrepitosamente. Hoy, ni siquiera se hacen nuevos intentos. La muerte de Dios fue seguida por la muerte del espíritu, que es un hecho más grave.

8. ¿Qué recomienda Vd.?

Todos estamos cansados, y queremos que se nos deje consumir en paz. Por eso es la nuestra una sociedad sin fe. Y porque es una sociedad sin fe, y cansada, no tiene, desde hace décadas, un Arte, ni una Filosofía, ni una Moral, ni nada de lo que se tiene cuando se tienen esas cosas. Algo así decía Cornelio Castoriadis, un autor nacido el mismo año en que el Guty Cárdenas empezó a estudiar contaduría en la ciudad de México. A mí me gusta mucho el Guty Cárdenas, sobre todo porque grabó una canción que celebraba la proclamación de la segunda república española y también porque murió joven, por motivos que todavía se debaten, pero que interesan en cualquier caso. Castoriadis, por su parte, no hablaba de fe ni de metáforas de dios; tenía otro lenguaje. Pero para responder a su pregunta, lo que yo recomiendo es que sigamos consumiendo en paz. Eufóricamente. Jamás hemos estado tan lejos del espíritu.

Sin otro particular por el momento, le reitero el testimonio de mi consideración y le envío un atento saludo,

Prof. Lillas Pastia

Universidad de Kavadrtsi

Traducción de Jonathan López García

Especial para Nostromo


* Esta no era la pregunta original de la encuesta. Apareció así debido a un error de traducción. Reproducimos de todas maneras la respuesta del Prof. L. Pastia porque ilumina otros aspectos de su pensamiento.

** Ídem anterior.

*** Nostromo quiso volver a consultar al Prof. Pastia, pero nos informan que su estado de salud es delicado. En su última intervención pública insistió sobre el hecho de que la gripe A era un ardid para engañar al peladaje. Nostromo quiso ahondar en la interpretación. Sin embargo, al terminar su conferencia el Prof. Pastia se convirtió en cerdo y comenzó a escupir un líquido verde. Un correo enviado por un lector que quiso preservarse en el anonimato asegura que se trató de un atentado.

El culpable de la influenza porcina

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Las altamente capaces autoridades sanitarias de México han encontrado pruebas irrefutables sobre el origen de la actual mutación del virus de la influenza. La Secretaría de Relaciones Exteriores presentó ésta fotografía como evidencia ante los detractores de nuestra nación, que culpan a México del fenómeno global de la nueva cepa de influenza, restringen nuestro comercio y el libre tránsito de pasajeros mexicanos; así como para apoyar la patriota defensa de los conciudadanos en el extranjero. La sagaz argumentación de la autoridades mexicanas fue la siguiente: “Este pinche chamaco es el culpable de la gripe porcina, y como se puede ver a simple vista, ¡No es mexicano!” Fin de la cita.

Para una explicación igualmente seria sobre el posible origen del virus, revisa esta animación. En la misma línea Mike Davis, (apocaliptólogo norteamericano) presenta un artículo publicado recientemente en La Jornada, cuyo sugerente título nos advierte: “Los cerdos peligrosos usan traje”. Cabe preguntar, como lo hace John Ackerman, ¿de qué manera la contingencia actual es capitalizada por la presente administración de Calderón para lograr una frágil sensación de legitimidad y control de tintes autoritarios sobre la población?

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Apuntes para entablar una discusión acerca de la “pandemia”

Ese día yo salí fuera de la ciudad y mi sorpresa fue mayor cuándo a mi regreso, el sábado (tan sólo dos días después) la ciudad de México estaba paralizada y la gente portaba un tapabocas. Poco a poco me fui informando con los amigos y los periódicos. Me pareció una situación increíble, que no me había tocado vivir, ni siquiera con el temblor del año ‘85. El resto de la historia todos la sabemos y la hemos padecido de una u otra forma.

Hoy me llegó el video de un amigo que trasmite uno de los problemas fundamentales de esta situación, la incredulidad de la gente frente al gobierno, tanto el de Ebrard como el de Calderón, qué decir frente a la actuación de los organismos internacionales, con la sra. Chan a la cabeza de la OMS.

Si bien es cierto que hay un virus, NO pandemia, las medidas que han caracterizado la campaña antivirus son ridículas e incongruentes. El mensaje de Calderón: vayan todos a sus casas porque ahí es el lugar más seguro para no contraer el virus, ahí reunidos con su familia, es una verdadera muestra del uso conservador del sentido común, que por un lado obliga a que la gente se mantenga aislada e incomunicada, y por el otro, evitar que la gente participe y se involucre en este problema que nos atañe a todos por igual. No es posible que se tomen medidas como si fuéramos personas sin conciencia y sin un sentido de responsabilidad. La misma estrategia se llevó a cabo con la campaña NO-fumar.

En su lugar se ha delegado el cuidado y “protección” al ejército y al cuerpo médico, la omnipotencia en todo su esplendor. La fuerza y los detentores de la verdad, qué binomio institucional del fascismo, del autoritarismo!!! Los soldados han sido encargados de repartir los tapabocas en distintos puntos de la ciudad y del país, y los médicos, como parte sustancial de esta mega-empresa farmacéutica con intereses enormes económicos y también políticos de por medio. ¿Qué tiene que ver Rumsfeld y el Tamiflu en todo esto?

Más que el virus, lo que ha estado movilizándose es la histeria de la gente que en la desinformación del gobierno, el aislamiento y el distanciamiento de la situación ha sido desprovista de todo sentido de objetividad. Toda esta operación ha sido lograda con el poder que cada vez crece y crece, de los medios de comunicación. Ellos son capaces de crear una enfermedad, una epidemia, hasta una pandemia de un día para otro y sembrar el miedo como vehículo principal mecanismo desmovilizador social.

La situación que estamos viviendo es muy peligrosa y los verdaderos efectos de este virus apenas los veremos con la próxima reanudación de labores y clases. ¿Qué haremos con tanta histeria y paranoia juntita de tanta gente que en efecto se quedó en sus casas, conviviendo en familia? No sé que tanto se pueda convivir toda una semana en familia, en casa, en estado de encierro forzoso.

Revisen las medidas que deberán atender los restaurantes y cines, por ejemplo, para reabrir sus puertas. Se intenta continuar con el no-habla, no-roce… bien lo dijo Ilán Semo en la nota que publicó en La Jornada (2/05/09), todo un fenómeno de insularización.

Mina Alejandra Navarro

Coyoacán, 5 de mayo de 2009

Temor y desconfianza en tiempos de influenza

Tras haberse cumplido diez días de que el gobierno mexicano decretó medidas extraordinarias –suspensión de clases en todos los niveles del sistema educativo y de todas las actividades como juegos de futbol, actividades recreativas y otros eventos públicos que implicaran la conglomeración de personas, así como cierre de restaurantes, comiderías y similares-, para tratar de impedir el contagio generalizado del nuevo tipo de influenza, una cosa ha sido constante y se mantiene firme: el temor y la desconfianza de la población frente a las afirmaciones de las autoridades. Es un escepticismo lógico en el que influyen varios factores. Uno de ellos, sin dudas, es el hecho de que a dos años de estar en funciones el actual gobierno aún no termina de ganar legitimidad entre todos sus connacionales. En realidad no son pocos los mexicanos aún hoy en día dicen no estar convencidos de que las cifras ofrecidas por el Instituto Federal Electoral en el 2006, dando la victoria al actual presidente Calderón, hayan sido las verdaderas. Esa sombra no se ha desvanecido, y se mantiene como una gran interrogante ante todo acto o decisión gubernamental.

Otro factor que contribuyó a crear la incertidumbre, quizás el principal, fue la forma en que los propios funcionarios anunciaron la contingencia. Pocas horas antes de que fuera declarada la emergencia sanitaria algunos funcionaros habían afirmado que todo estaba bajo control y que no había de qué preocuparse. Un cambio tan repentino no dejaba de ser sospechoso, y eso dio lugar a todo tipo de rumores. A partir de entonces comenzaron a circular correos electrónicos, videos, y se hicieron insistentes las llamadas telefónicas. Las interrogantes que se hacían eran similares: ¿tú le crees al gobierno?, ¿qué crees que está pasando en realidad?, ¿acatarás las decisiones? El consenso final era que, independiente de las dudas que uno tuviera, había que seguir las recomendaciones, “por si acaso”, es mejor prevenir que lamentar. La danza de cifras que un día anunciaban un número determinados de muertos y al siguiente otra inferior tampoco contribuyó a generar confianza en las versiones oficiales.

Otra interrogante frecuente estos días ha sido ¿dónde acudir en caso de sentir algunos de los síntomas? Entre las recomendaciones oficiales estaban no automedicarse y recurrir al médico, pero esto también podría provocar, y de hecho provocó, aglomeración de personas que se sentían enfermas en lugares que podrían ser focos de infección y propagación de la influenza, como eran los propios hospitales. Por fortuna poco después las autoridades decidieron instalar clínicas móviles, cien en total, en distintos puntos de la ciudad, en donde se realizaría un primer diagnóstico. Esto evitó que más personas se presentaran en los hospitales y clínicas. Aunque acertada, la medida no deja de tener sus propias limitaciones. En este aspecto, un sistema de salud como el cubano podría enseñar mucho a sus contrapartes latinoamericanas. ¡Qué útil y eficiente habría sido contar con un pequeño puesto de salud por lo menos con un médico en la cuadra, en la manzana o por lo menos en la colonia o el barrio! La expresión en realidad no es mía, es un comentario que también ha circulado con frecuencia estos días.

La emergencia también ha servido para exponer las debilidades del sistema de salud pública mexicano y de su industria farmacéutica, afectadas por el afán privatizador del las élites en el poder en México se contagiaron hace ya varios sexenios. Un periodista del diario La Jornada recordó cómo durante el gobierno de Vicente Fox se desmanteló una empresa paraestatal fabricante de vacunas, reactivos de diagnósticos, sueros y otros productos especializados para surtir a los centros de salud mexicanos. La liquidación de esa empresa se habría realizado para favorecer a una transnacional europea. El periodista recordó también que el predecesor de Fox, Ernesto Zedillo, ahora alto ejecutivo de algunas instituciones y empresas estadounidenses, desarticuló los institutos Nacional de Higiene y Nacional de Virología, dedicados a investigaciones científicas sobre cepas virales y a la elaboración de vacunas. Ante esos hechos cobra todo sentido la duda y la incredulidad. ¿Cómo confiar en un gobierno, en un Estado cuyas principales acciones no son para proteger y beneficiar a las personas, al público, a sus ciudadanos, sino para privilegiar y defender los intereses del gran capital internacional, de las corporaciones transnacionales? Hacerlo iría contra el sentido común.

Según otra información, hace poco más de diez años en México se fabricaban doce vacunas de las más conocidas y utilizadas en el mundo. Actualmente sólo produce dos. Esas carencias fueron las que imposibilitaron que en el país pudieran realizarse los estudios para detectar al nuevo virus. Por eso hubo que enviar muestras de los pacientes fallecidos hasta Canadá para determinar de qué se trataba, y hasta que se supieron esos resultados fue que se declaró la emergencia. Es una realidad muy triste para un país en el que muchos de sus ciudadanos en algún momento también creyeron el cuento de que habían entrado al exclusivo club de los llamados países del primer mundo.

De la misma manera la emergencia sanitaria también ha servido para ocultar o desviar la atención de otros importantes acontecimientos en el país. Dos de ellos: la aprobación de una ley que permite a los adictos portar una cantidad mínima de estupefacientes –mariguana, coca, heroína- sin ser sujeto de acción penal. De la misma manera se aprobó una nueva ley sobre la policía federal, que daría atribuciones a ese cuerpo para hacer escuchas telefónicas, interceptar comunicaciones electrónicas (Internet), y realizar operativos encubiertos, vestidos de civil; y en un país con altos índices de delitos, secuestros e impunidad, el asunto no deja de ser problemático. Sin embargo, sobre ambos temas apenas se ha mencionado algo en los medios, si acaso se dijo algo. Y nuevamente surge la sospecha. Al impedir la emergencia sanitaria las concentraciones de gente, es muy poco probable que por lo pronto se den las protestas y marchas tan usuales en esta inmensa urbe. Seguramente pensando en esto, un ingenioso cibernauta ha hecho circular un correo en el que recomienda: “no permitas que un simple cubre-boca te calle”.

En las últimas horas las autoridades anunciaron que la epidemia está en descenso, y todo indica que a mediados de la semana todo volverá a la “normalidad”. Pero, aquí cabe una nueva pregunta, ¿realmente estaremos volviendo a la normalidad? Las dudas, el temor, la desconfianza siguen vigentes, quizás ahora más fuertes. Para ellas tampoco se ha descubierto vacuna, y el contagio se ha expandido fuera de todo control. ¿Será verdad que ya está todo controlado?, ¿habrá representado en realidad un serio peligro el nuevo virus?, ¿se ameritaba esta situación de emergencia?, son otras de las interrogantes que comienzan a surgir. Pese a todo, hoy lunes se han visto más personas en las calles, y de alguna manera puede percibirse en ellas ese sentimiento de inseguridad y temor que estos días se instaló como huésped incómodo en muchos hogares mexicanos. Seguramente será lo último en desvanecerse, incluso mucho después de que el virus A/H1N1 haya dejado de ser una amenaza.

Guillermo Fernández Ampié
gfdez@guegue.com.ni

De nacionalismos y de vidas

El lunes, 28 de abril, desperté y me fui a trabajar, pero habían cancelado todas mis clases. La cara de las personas en el metro era tensa, sin sonrisas, no platicaban; ya que estaban en el lugar más peligroso de contaminación, seguramente pensaban que debían, casi por respeto, mantenerse por lo menos calladas.

Lo del tapabocas empezaba a molestarme. Volví a la casa, en un solo día comí la cantidad de comida de una semana. De pronto vi mi rutina robada. Planeaba viajar en julio a Brasil, pero el martes 29 en la mañana, llamé a mi familia, llamé a Aeroméxico y compré mi boleto para el otro día a las 11:50pm. Mis cosas las dejé en la casa de un amigo, me preparé para quedarme el tiempo que fuera necesario lejos del territorio mexicano, sin ni pagar renta. Uno amigo me dijo por teléfono: ´¿cómo puedes abandonar un país (México) que te ha dado tanto?´

Esa fue la pregunta y me quedé sin saber qué contestar. Mi primera reacción fue llamarme ´traidora´. Pero después pensé, ¿no sería en el fondo una pregunta ´nacionalista´? Sin embargo, me sentí cretina por hacer uso del pasaporte brasileño que tanto rechazo, o sea, por más que saliera ´perdonada´ de un lado, imperdonable sería el otro. Me acuerdo que en el momento no reflexioné mucho, pensé en la vida, en el aburrimiento que pasaría por larrrrgos días y que tenía que reaccionar rápido y saber la hora de abandonar el barco.

Mi martirio empezó en la mañana del miércoles. Argentina y Cuba cerraron sus aeropuertos. Yo con la página de relaciones exteriores de Brasil conectada, con la angustia de querer, pero no poder partir. Por desesperación llamo a la Avianca y reservo un boleto a Bogotá, llegaría a Sudamérica de todas maneras.

Me despedí de la gente. Por fin hice el ´check-in´ y supe que llegaría a São Paulo. Tenía el privilegio y la opción de hacerlo. Dentro del avión, todos con el maldito tapabocas. Lo sacamos para las comidas, sin saber su eficiencia, por alivio psicológico lo mantuvimos, ya que la pinche gripe quedaría bien lejos, a 9 horas de vuelo.

Bajo en la capital paulista y de allí a Brasília. Hace 5 días que ando en ´cuarentena´. No estoy enferma ni nada, solamente por ´precaución´. A nadie le puedo decir donde vivo, pues entraría en pánico. Las noticias son terribles, solamente en México tengo la impresión que viven el ´ya pasó´ y si no es así su PIB recibirá la cuenta. Ahora me quedan estas vacaciones forzadas, deseando poder regresar en el final del més. Nacionalismos y principalmente vidas estaban y estarán en juego hasta allá.

Rosana Meireles Magalhães

Brasília, DF, 05 de mayo de 2009

Tzvetan Todorov: Sobre el bien y el mal

Nacido en Bulgaria, en 1939, Todorov viajó a París en 1963 para hacer un doctorado. “Bulgaria era un país que formaba parte del bloque comunista, atado a la política soviética… Un régimen totalitario. Pero no me exilié. Llegué a Francia como estudiante”, recuerda.

El semiólogo e historiador francés de origen búlgaro Tzvetan Todorov ha obtenido el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2008 al que optaban treinta y seis candidaturas procedentes de dieciocho países. Todorov, es director del Centro de Investigación de las Artes y del Lenguaje de París y autor de obras como Memoria del mal, tentación del bien; La moral de la historia o El hombre desplazado.

El presidente del Jurado, el senador del PP, Manuel Fraga ha destacado en la lectura del acta, que Todorov es “representante de un riguroso método estructuralista, que aplicó a la literatura y a la crítica literaria y ha evolucionando hacia el análisis cultural y la historia de las ideas”. El Jurado también ha señalado que la “sabiduría y erudición” de este historiador ha superado las fronteras, lo que le ha permitido “abarcar grandes temas de nuestro tiempo, como el desarrollo de las democracias, el entendimiento entre culturas, el desarraigo, el reconocimiento del otro y el impacto de la violencia en la memoria colectiva”. Según el jurado, Todorov “representa en este momento el espíritu de la unidad de Europa, del Este y del Oeste, y el compromiso con los ideales de libertad, igualdad, integración y justicia”.

Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales
Desde 1981 han ganado este premio, entre otros, Julio Caro Baroja, Eduardo García de Enterría, Enrique Fuentes Quintana, Rodrigo Uría, Miguel Artola, Joaquim Verissimo, John H. Elliott, Jacques Santer, Raymond Carr, Carlo María Martini, Anthony Giddens,

Esta entrevista exclusiva gira en torno a diversos aspectos de una de sus obras más significativas: Memoria del mal, tentación del bien.

(Fuente: YuoTube)

Escuadrones de la muerte

Al final de la Segunda Guerra Mundial el reacomodo geopolítico impulsó un movimiento descolonizador en Asia y África en la búsqueda de Estados independientes libres principalmente, de la influencia europea . Ejemplos de esto son las guerras libradas por los franceses desde Indochina a Argelia. Los cambios en la configuración de un campo de batalla planteado bajo las premisas de la “guerra de guerrillas”, una guerra irregular basada en principios no convencionales; exigió un cambio conceptual sobre la forma de concebir una respuesta por parte de la inteligencia militar, es decir, como forma de enfrentar las exigencias de lo que Roger Trinquier denominó como “Guerra Moderna”. El problema pasó de ser leído desde una dimensión militar a una dimensión política, si el guerrillero es como un pez en el agua dentro de su base social, no importaba privarle de su elemento natural con tal de neutralizar la amenaza: aunque tal vez el agua se turbiara un poco en el proceso. Comenzaba así una larga evolución de la estrategia de Contrainsurgencia que sería empleada en América Latina, bajo las dictaduras conosureñas de Seguridad Nacional y durante Guerras Civíles Centroamericanas. En un primer momento bajo la égida de los franceses y una vez asimilado el conocimiento por los norteamericanos, en la “Escuela de las Américas”; la escuela francesa tuvo una importante repercusión en lo modelos de represión y la lucha antisubversiva en América Latina.

Marie-Monique Robin,  periodista, documentalista y directora de cine francesa; realizó una investigación sobre la influencia de la escuela francesa en la formación de los militares de todo el continente, así como de las terribles secuelas que dejó dicho conocimiento sobre el cuerpo social de muchas de nuestras sociedades latinoamericanas (Escuadrones de la muerte. La escuela francesa, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 2005). Obtuvo el premio Albert-Londres (1995) por sus trabajos de investigación, ha realizado reportajes para los principales canales de televisión de Francia y otros países siempre sobre temas de interés y contenido social. Autora de varios libros, ha rodado más de 50 reportajes en todo el mundo y ha sido premiada en varios festivales de cine documental. Consultora y experta en varios juicios abiertos en América Latina y Europa, sus polémicas y rigurosas investigaciones han suscitado el interés mundial y han sido soporte para muchos procesos penales.

Memoria y olvido. Constitución de la memoria colectiva El pasado como principio de acción para el presente

Articular históricamente el pasado no significa conocerlo “tal como verdaderamente fue”. Significa apoderarse de un recuerdo tal como éste relumbra en un instante de peligro. De lo que se trata para el materialismo histórico es de atrapar una imagen del pasado tal como ésta se le enfoca de repente al sujeto histórico en el instante del peligro. El peligro amenaza tanto a la permanencia de la tradición como a los receptores de la misma. Para ambos es uno y el mismo: el peligro de entregarse como instrumentos de la clase dominante. En cada época es preciso hacer nuevamente el intento de arrancar la tradición de manos del conformismo, que está siempre a punto de someterla. Pues el Mesías no sólo viene como Redentor, sino también como vencedor del Anticristo. Encender en el pasado la chispa de la esperanza es un don que sólo se encuentra en aquel historiador que está compenetrado con esto: tampoco los muertos estarán a salvo del enemigo, si éste vence. Y este enemigo no ha cesado de vencer.

Walter Benjamin

Sobre el concepto de historia, tesis vi

Importa que la gran pregunta histórica y social… ¿cómo pudo suceder?… conserve todo su peso, toda su espantosa desnudez, todo su horror.

Gershom Scholem

Oponiéndose a la ejecución de Eichmann

Las palabras no son inocentes cuando hablamos de exterminio. Heredamos las palabras de los muertos pero también las de los perpetradores y con ellas debemos hablar. ¿Cómo hacerlo si el lenguaje declina su responsabilidad para volverse jerga universitaria o intelectualismo vacío?

Perla Sneh

Palabras en el aire

Capítulo primero

La masacre de Uchuracay

Perú, 26 de enero 1983:

En la comunidad quechua de Uchuracay, en la puna de la provincia de Huanta, Ayacucho, ocho periodistas fueron masacrados.

El gobierno de Fernando Belaunde, un mes antes del suceso, había tomado la determinación de enviar a las Fuerzas Armadas a combatir el movimiento insurgente de Sendero Luminoso, que desde mayo de 1980 había logrado tal influencia en la zona, que rebasaba a las Fuerzas Policiales de la región.

Posteriormente de la masacre en la comunidad de Uchuracay, se produjeron sucesivas matanzas por parte del movimiento subversivo, así como también de las fuerzas contrasubversivas del Estado peruano. Tales ataques obligaron a la población a un desplazamiento forzado en 1984, y después del exilio, a un proceso difícil de retorno, sólo posible diez años después.[1]

Todas estas experiencias siguen siendo temas presentes en la vida y memoria de los habitantes, incluso en la actualidad. La matanza de los periodistas ha provocado una lucha entre las diferentes memorias. Existe un conflicto de interpretaciones en el que participan los campesinos, las familias de los periodistas, los intelectuales y el Estado; en esta lucha, las voces e interpretaciones de la comunidad de Uchuracay quedan relegadas por los discursos dominantes de los otros actores.[2]

Es por demás importante, ver como también los uchuraccaínos entienden e interpretan la matanza de los ocho periodistas dentro del conjunto de discursos y presiones externas, y cómo esa matanza, a la vez, puede influir en las memorias de los mismos uchuraccaínos sobre la violencia política en el Perú.[3]

Capítulo segundo

De la memoria individual a la memoria colectiva

La capacidad de recordar, por más imperfecta que nos parezca, constituye al ser humano como tal, sin ella no podríamos formar el yo. Los recuerdos autobiográficos son indispensables, puesto que son la materia prima que forman las experiencias, y sobre todo la imagen de la propia identidad.[4]

La mayor parte de nuestros recuerdos dormita en nuestra mente, a la espera que un motivo externo la despierte, en ese instante que los recuerdos se tornan concientes, pueden ser expresados con palabras y convertirse en parte de un repertorio disponible. A los recuerdos no disponibles y disponibles se añaden los recuerdos inaccesibles, que responden al nombre de represión o trauma. Esos recuerdos son muy dolorosos o humillantes como para poder salir a la superficie del conciente sin ayuda externa.[5]

Podemos suponer determinadas características de los recuerdos individuales: primero, son perspectivistas, es decir, tienen una determinación subjetiva y, por lo tanto, no son intercambiables o transferibles; segundo, los recuerdos individuales no existen de forma aislada, sino que están entrelazados con los recuerdos de otras personas. Debido a su estructura, que abre el camino a los cruces, las superposiciones y a la capacidad de vincularse, los recuerdos se confirman recíprocamente. De esta manera, no tan sólo cobran coherencia y credibilidad, sino que también unen y forman comunidad; tercero, considerados por separado, son fragmentarios, limitados y amorfos. Sólo con la narración cobran forma y estructura, que los complementa y estabiliza[6]; y cuarto, son volátiles e inestables. Algunos recuerdos van cambiando con el transcurso del tiempo, junto con la persona y las circunstancias de su vida, otros palidecen o se pierden definitivamente. En particular en el transcurso de la vida se van modificando las estructuras de relevancia y los modelos de evaluación, de tal manera que lo que antes fue importante se convierte, paulatinamente en un suceso sin importancia, y lo que otrora fue de segundo orden puede llegar a ser, en la retrospectiva, sustancial.

Lo social es instituido como tal en el mundo de significados comunes propios de una colectividad de seres humanos. Es decir, en el marco y por medio de la “intersubjetividad”. Eso implica que lo social no radica “en” las personas sino “entre” las personas, es decir, en el espacio de significados del que participan o que sustituyen conjuntamente. «Los recuerdos cautivos en narraciones, a menudo repetidos, son los que mejor se conservan, pero por su naturaleza se diluyen con la muerte de la persona que los rememora».[7]

Capítulo tercero

El perspectivismo de la memoria

«Las instituciones y las entidades no disponen de una memoria del tipo de la memoria individual, porque no disponen de ningún elemento que corresponda a su fundamento biológico, a su disposición antropológica o mecanismos naturales».[8] Por tal motivo, algunos advierten sobre el término, memoria colectiva, señalando que se trata de una mera mistificación. No obstante, no es aconsejable abandonar completamente ese término, puesto que la memoria colectiva apunta a fenómenos comparables empíricamente y que se distinguen claramente de las condiciones de la memoria individual.[9] Las instituciones y las entidades, como por ejemplo las naciones, los Estados, la iglesia o una empresa no tienen memoria; ellas se “hacen” una memoria recurriendo a signos y a símbolos, textos, imágenes, ritos, prácticas, lugares y monumentos.

La cultura se politiza en la medida que la producción de sentido, las imágenes, los símbolos, los íconos, conocimientos, unidades informativas, modas y sensibilidades, tienden a imponerse según cuáles sean los actores hegemónicos en los medios que difunden todos estos elementos. La asimetría entre emisores y receptores en el intercambio simbólico se convierte en un problema político, de lucha por ocupar espacios de emisión/recepción, por constituirse en interlocutor visible y en voz audible.[10]

Al mismo tiempo, con esta memoria las instituciones y las entidades se “hacen” una identidad. Esta memoria ya no abarca momentos espontáneos y arbitrarios, pues ha sido formada de con un carácter intencional y simbólico. «Es una memoria de la voluntad y de la selección calculada».[11] En tres de las características mencionadas, la construcción cultural de la memoria se distingue significativamente de la memoria individual. La memoria colectiva no está conectada a otras ni contempla la capacidad de vincularse, sino que, por el contrario, tiende a formar una unidad y ser autosuficiente. Tampoco tiene una estructura fragmentada, sino que se apoya en relatos que tienen la misma estructura narrativa que mitos y leyendas, y que transportan un claro mensaje. Finalmente, cabe destacar que la memoria colectiva no es un ente inestable y volátil, sino que se basa en signos simbólicos que fijan la memoria, que la generalizan, la unifican y la hacen transmisible salvando los confines generacionales.

Junto a estas claras diferencias existe, empero, un importante denominador común. Tanto la memoria individual como la colectiva se rigen por una determinada perspectiva. El objetivo de ambas no es la mayor integridad posible, ni tampoco absorben cualquier recuerdo, sino que se apoyan en una selección estricta. Por esa razón, «el olvido es un elemento constituyente de la memoria individual y, también, de la colectiva».[12]

Capítulo cuarto

Elementos constituyentes de la memoria colectiva

No es difícil determinar los criterios de selección determinantes para formar una memoria colectiva. En este sentido, particularmente característica es la formación de una memoria nacional, la que regularmente se centra en aquellos puntos de referencia de la historia que refuerzan la autoimagen positiva y que coinciden armónicamente con determinados objetivos de la actuación de la nación. Cabe aquí señalar que es más fácil recordar victorias que derrotas. Sin embargo, también las derrotas pueden llegar a ser puntos de referencia históricos centrales, siempre que puedan ser integrados en un relato martiriológico del “héroe trágico”. «Una nación que fundamenta su identidad en la conciencia de ser víctima, que quiere mantener vivo el recuerdo de una injusticia sufrida, conmemora las derrotas con gran phatos y ceremonias pomposas, con el propósito de legitimar sus reivindicaciones y movilizar una resistencia heroica».[13] Por tal motivo, la memoria colectiva nacional es tan receptiva para momentos históricos enaltecedores y, también, para momentos humillantes, siempre que puedan ser incorporados a la semántica de una imagen histórica heroica. Por el contrario, los momentos de culpa y vergüenza no tienen acceso a la memoria, puesto que no pueden ser integrados a una auotoimagen colectiva positiva.

Sólo paulatinamente van constituyéndose formas de recuerdo colectivo que ya no se ajustan a los modelos de la heroización a posteriori o que, en la retrospectiva, no concedan un sentido a esos hechos; el objetivo de esas formas es el reconocimiento universal del sufrimiento y la superación terapéutica de sus efectos paralizantes. Junto con ello, también se produce un nuevo tratamiento de la culpa de los autores en el recuerdo de los descendientes, los que imposibilitados de tapar con el olvido los capítulos oscuros de su historia la estabilizan en la memoria colectiva y la integran en la autoimagen nacional.

Ahora se han desvinculado el acto de perdonar y el de olvidar, al igual que el recuerdo y la venganza. Más bien, ahora se considera que el recuerdo conjunto de culpables y víctimas es un mejor fundamento para una coexistencia pacífica que el olvido común; «la máxima que postula la fuerza terapéutica del olvido ha cedido su lugar a la existencia ética del recuerdo en común».[14]

Queda manifiesto entonces, cuan importante es la cuota de las construcciones de la memoria colectiva en la configuración política del porvenir, se levanta la demanda de reflexionar de modo autocrítico sobre esas construcciones de la memoria. El objetivo no puede ser la disolución de las construcciones de la memoria colectiva, que son indispensables y seguirán siendo el fundamento de la formación de identidad y guía de actuación, sino que el propósito es, únicamente, desactivar sus potenciales peligrosos.

Capítulo quinto

El regreso a Uchuraccay y la nueva memoria

Un liderazgo cuyo discurso de convivencia y valores de respeto y solidaridad, era reconocido por la población de Uchuraccay, con una narrativa bíblica que homogenizaba el sentido del pasado, de sufrimiento experimentado superado y que permitía visualizar el retorno como el nacimiento de una nueva vida mejor y una comunidad completamente distinta, no sólo demarcaba lo que significó el pasado de horror, sino también enfatizaba la esperanza de ver en el fututo una puerta abierta de posibilidades. En ese sentido, el retorno marcaba el nacimiento de un nuevo tiempo. El tiempo del ahora. Una construcción imaginada del presente, que busca distanciarse del pasado. No es una imaginación gratuita, sino condicionada por el pasado, un pasado que los llevó hacia el horror de la violencia y les asignó una identidad estigmatizada a partir de la matanza de ocho periodistas.[15]

De esa manera se daba inicio a un proceso de construcción de una identidad colectiva nueva y de un referente conmemorativo que desde ese entonces quedará fijado cada 10 de octubre, al celebrarse desde el siguiente año “el día del retorno”. Un referente conmemorativo que ha pasado a ser en la actualidad la fiesta más importante de la comunidad de Uchuraccay y de todos los pueblos que pasaron por el proceso del desplazamiento y el retorno. Para un tiempo nuevo, una comunidad nueva, un “nosotros” distinto, “nosotros ya somos otros”, sería lo que escucharíamos hacia delante.

El retorno para esta población no fue un proceso sencillo, de una simple voluntad de reconquista o de reocupación del espacio perdido, como lo fue para el Estado. Fue un proceso sumamente complejo y ambiguo, a veces tenso y doloroso, que marcó la memoria y la identidad de estos pueblos.

A estas razones se suma el temor de volver, literalmente, al pasado del horror de la violencia. Las memorias tóxicas y su influencia en retrasar en algunos casos bloquear el retorno en otros es un tema clave en un contexto como este. Las memorias tóxicas, deben ser entendidas como memorias que expresan una experiencia fallida y que prolongan en el tiempo sus efectos distorsionadores de la realidad y la experiencia. «Las memorias, en este caso, quedan sedimentadas con las memorias del horror de las matanzas; se monumentaliza el mismo paisaje geográfico como lugar de la memoria y testigo de la violencia».[16] Donde el paisaje sedimenta el horror de la guerra y bloquea el proceso social del retorno, el olvido sería un recurso que permita otras alternativas.

La memoria como el olvido son experiencias intersubjetivas provistas de intencionalidad; olvidar, no es ausencia o vacío. Es la presencia de esa ausencia, la representación de algo que estaba y ya no está, borrada, silenciada o negada, olvidar no implica un vacío, sino una forma de autoafrontar las incertidumbres, en este caso para posibilitar el retorno, y volver a convivir con esas memorias. «Parecía que desde el primer momento del retorno se delimitaron acuerdos comunes de qué recordar y qué olvidar».[17]

Si bien cada caso es una experiencia particular, nos permite entender mejor estas luchas y respuestas internas que se han ido elaborando en relación a la memoria y el olvido. Reafirmando que tanto la memoria como el olvido son procesos siempre dinámicos y provistos de intencionalidad. También vemos esa intencionalidad de olvidar y recordar cuando los uchuraccaínos llegaron a discutir y definir el nombre con el cual retornar; Uchuraccay sedimentó estos diversos estigmas y persecuciones de los cuales la población, también, intencionalmente, busco distanciarse. Eso llevó a que no sólo renunciaran a la identidad de su pueblo, sino también personal, la de sus propios nombres.[18]

Capítulo sexto

“Ya no hay que mantener la historia y las palabras de nuestros abuelos de antes”

Elías Ccente, dirigente de la comunidad; cuando remarcaba la necesidad de “trabajar juntos” y, más aún, reconciliarnos “más”, no estaba sino planteando la necesidad de reinstitucionalizar la unidad comunal, estableciendo acuerdos de que recordar y qué olvidar, que hablar y qué silenciar respecto al pasado de la violencia.

Un todo homogéneo, un nosotros, se entiende a partir de la producción conciente de la memoria histórica, y empieza cuando se requiere la definición de una identidad colectiva, del “nosotros”. Sin embargo, “nosotros” es una categoría que se define por las circunstancias sociales y políticas de cada presente.

Hoy, si bien se reconocen públicamente los conflictos familiares que caracterizaron la época anterior a la guerra, es problemático hablar de estos mismos conflictos de los años de la violencia política. Es un tema difícil y bastante restringido en los espacios públicos. «Son pocos los que hablan del tema, del apoyo que brindaron ciertas familias a Sendero Luminoso y otras a las fuerzas contrainsurgentes, por el desenlace que llevó esta historia. Un desenlace de acusaciones mutuas entre las mismas familias, que terminaron con las represalias y las matanzas de la población».[19]

Por lo mismo, el énfasis en el discurso de la refundación insistía en una ruptura con el pasado y sugería inaugurar una comunidad completamente nueva. El discurso de “cristianos renacidos”, en ese sentido, ayudaba a la estrategia del olvido.

«Estas pautas discursivas habrían permitido un silencio intencional estratégico; una complicidad compartida, tanto para superar los conflictos del pasado como para dejar de transmitirlas intergeneracionalmente».[20] Lo que hoy se ofrece como legado es más una versión historizada del pasado, al ubicar a Sendero Luminoso como el enemigo común frente a un “nosotros” homogéneo, y el haber vivido entre dos fuegos. Es una versión compartida entre la población retornante hoy, que encubre los conflictos, las alianzas y las posiciones distintas que se dieron en la guerra, y ciertamente, organiza las múltiples experiencias en relatos más homogéneos.

La memoria del terror reaparece como lección para normar la vida, disciplinar las relaciones y para censurar el desorden. «La importancia del estudio de la memoria y del olvido sociales reside en su carácter de procesos que contribuyen, definiendo y articulando, el orden social. Vivir en sociedad implica hacer memoria y hacer olvido[21]

Capítulo séptimo

La memoria no se opone en absoluto al olvido

La memoria es necesariamente la interacción entre la supresión (el olvido) y la conservación (la memoria), el restablecimiento integral del pasado es algo por supuesto imposible. La memoria, como tal, es forzosamente una selección: algunos rasgos del suceso serán conservados, otros inmediata o progresivamente marginados, y luego olvidados. Conservar sin elegir no es una tarea de la memoria.

Los individuos tiene el derecho a conocer y por lo tanto, de dar a conocer su propia historia, pero, ya que la memoria es una selección, es preciso escoger entre todas las informaciones recibidas, en nombre de ciertos criterios; y esos criterios, concientes o no, servirán también, con toda probabilidad, para orientar la utilización del pasado. No se puede justificar un uso engañoso por la necesidad de recordar.

Empero, la Historia se reescribe con cada cambio del grupo dirigente y se eliminan aquellas páginas convertidas en indeseables.[22] «Las huellas de lo que ha existido son o bien suprimidas, o bien maquilladas y transformadas; las mentiras y las invenciones ocupan el lugar de la realidad; se prohíbe la búsqueda y difusión de la verdad; cualquier medio es bueno para lograr este objetivo».[23] «No obstante, aunque los seres humanos nos hayamos autoimpuesto estos y otros constreñimientos imaginarios para categorizar la realidad, no significa, en forma alguna, que sean legítimos, ni que no resulten cuestionables».[24] De ahí, que los regímenes totalitarios conciban el control de la información como una prioridad. Se puede comprender fácilmente por qué la memoria se ha visto revestida de tanto prestigio a ojos de todos los enemigos del totalitarismo, por qué todo acto de reminiscencia ha sido asociado con la resistencia antitotalitaria. «Cuando los acontecimientos vividos por el individuo o por el grupo son de naturaleza excepcional o trágica, tal derecho se convierte en un deber: el de acordarse, el de testimoniar».[25] Aquellos que, por una u otra razón, conocen el horror del pasado tienen el deber de alzar su voz contra horrores muy presentes. Lejos de seguir siendo prisioneros del pasado, lo habrán puesto al servicio del presente, como la memoria (y el olvido así mismo) se han de poner al servicio de la justicia. La difusión de la información permite salvar vidas humanas.

La recuperación del pasado, resulta indispensable; lo cual no significa que el pasado deba regir el presente, sino que, al contrario, éste hará del pasado el uso que prefiera. «Los seres humanos, sean conscientes de ello o no, participamos en y de procesos de construcción continua de nuestro pasado. En este sentido, se puede afirmar que, en buena medida, la continuidad y el mantenimiento de la sociedad está propiciada por la memoria y el olvido.»[26] Sería de ilimitada crueldad recordar continuamente a alguien los sucesos más dolorosos de su vida; también existe el derecho al olvido.

Capítulo octavo

Es en el potencial desestructurador de memoria donde reside buena parte de su capacidad resistente.

En el mundo moderno el culto a la memoria no siempre sirve para las buenas causas, el aprecio por la memoria y la recriminación del olvido se han extendido estos últimos años más allá de su contexto original, el elogio incondicional de la memoria y la condena ritual del olvido acaban siendo, a su vez, problemáticos. La memoria estaría amenazada, ya no por la supresión de información sino por su sobreabundancia. Todos tienen derecho a recuperar su pasado, pero no hay razón para erigir un culto a la memoria por la memoria; sacralizar la memoria es otro modo de hacerla estéril.

Sólo la actualización hace de la memoria un acto de resistencia porque impide congelar, fijar la historia en un relato domesticado. La representación incansable de una “misma” historia siempre igual así misma y, por tanto, cada vez más distante de la vivencia; la cuadriculación del a experiencias múltiples bajo parámetros y explicaciones que se pretenden definitivos; la reducción de lo múltiple, complejo y sobre todo contradictorio a simplificaciones que eluden la insuficiencia de nuestra comprensión, sólo conducen a la banalización y “normalización del horror. Cuando la memoria se convierte en un relato “cómodo”, se desliza inexorablemente hacia el archivo y pierde toda su fuerza resistente.[27]

Además, no todos los recuerdos del pasado son igualmente admirables; cualquiera que alimente el espíritu de venganza o de desquite suscita ciertas reservas. La carga emocional de cuanto tiene que ver con el pasado totalitario es enorme, y quienes lo han vivido desconfían de los intereses de clarificación, de los llamamientos a un análisis previo a la valoración. Sin embargo, lo que la memoria pone en juego es demasiado importante para dejarlo a merced del entusiasmo o la cólera. La exigencia de recuperar el pasado, de recodarlo, no nos dice todavía cual será el uso que se hará de él.

Por el contrario, el relato que se instala con facilidad entre los discursos de circulación corriente, mediáticos y políticos, aceptados por la buena sociedad, incluso “progresista”; el discurso de las “verdades” instaladas ― provenga de donde provenga ― se parece demasiado a la amnesia. Es una suerte de olvido inconsciente de sí mismo, porque al congelarse traiciona la única memoria posible que es necesariamente reinterpretación.[28]

El recurso a la memoria y al pasado es sustituido por el que se origina en el consentimiento y en la elección de la mayoría. «La memoria es aquí destronada, no en provecho del olvido, por descontado, sino de algunos principios universales y de la “voluntad general”».[29] La memoria es ahora rechazada en provecho de la observación y de la experiencia, de la inteligencia y de la razón.[30] Pero la memoria no es sólo responsable de nuestras convicciones, sino también de nuestros sentimientos.

Capítulo noveno

Ejemplaridad contra literalidad, memorias en conflicto

La realidad social es procesual: no se puede concebir como un resultado. El presente es un proceso en continua construcción y el pasado también. Entre ambos pivota la memoria que dota de continuidad a la realidad social. Mediante la memoria se construyen y resignifican los acontecimientos. Sin embargo la realidad social no se detiene en la construcción del pasado y del presente: se proyecta en el futuro. El futuro se construye con elementos del presente y del pasado que se consideran con un especial significado, con el significado del pasado y del presente. No se trata únicamente de proyectar el futuro, el pasado y el presente, sino de considerar y, eventualmente, crear las posibilidades a través de las cuales el futuro podrá desarrollarse. No es concebible señalar el desenlace pero queda abierta la posibilidad…[31]

Se tiene así entonces, en los casos de episodios traumáticos, que el acontecimiento recuperado puede ser leído de manera literal o de manera ejemplar de acuerdo a la propuesta de Todorov. En el primero de los casos, preservado en su literalidad (lo que no significa su verdad), permaneciendo intransitivo y no conduciendo más allá de sí mismo. O bien, sin negar la propia singularidad del suceso, se toma la determinación de utilizarlo, una vez recuperado, como una manifestación entre otras de una categoría más general, para servirse de él como de un modelo para comprender situaciones nuevas, con agentes diferentes.

Por una parte, como en un trabajo de psicoanálisis o un duelo, se neutraliza el dolor causado por el recuerdo, controlándolo y marginándolo; pero, por otra parte, y es entonces cuando la conducta deja de ser privada y entra a la esfera pública, se abre ese recuerdo a la analogía y a la generalización, construyendo un ejemplo y extrayendo la lección. El pasado se convierte por tanto en principio de acción para el presente.

El uso literal, que convierte en insuperable el viejo acontecimiento, desemboca a fin de cuentas en el sometimiento del presente al pasado. El uso ejemplar, por el contrario, permite utilizar el pasado con vistas al presente, aprovechar las lecciones de las injusticias sufridas para luchar contra las que se producen hoy en día, y separarse del yo para ir hacia el otro.

Se podrá decir entonces, en una primera aproximación, que la memoria literal, sobre todo si es llevada al extremo, es portadora de riesgos, mientras que la memoria ejemplar es potencialmente liberadora.

Muchos rechazan la memoria ejemplar. Su argumentos son que, el suceso del que se habla es absolutamente singular, perfectamente único, y si se intenta compararlo con otros, sólo se explica por un deseo de profanarlo, o incluso, de atenuar su gravedad. Sin embargo, se pasa por alto que la comparación lejos de excluir la unicidad, al contrario, es el único modo de fundarla, cada suceso, y no sólo el más traumático de todos, es absolutamente singular, pero, ¿cómo afirmar que un fenómeno es único si jamás lo he comparado con algo? Y ciertamente, comparar no significa explicar, y mucho menos perdonar.

Capítulo décimo

Pasado y presente, definición del uno por el otro

Es imposible afirmar a la vez, que el pasado ha de servirnos de lección y que es incomparable con el presente: para que la colectividad pueda sacar provecho de la experiencia individual, debe reconocer lo que ésta experiencia puede tener en común con otras. Aquello que es singular no nos enseña nada para el porvenir. «La memoria ejemplar generaliza pero de manera limitada; no hace desaparecer la identidad de los hechos, solamente los relaciona entre sí, estableciendo comparaciones que permiten destacar las semejanzas y las diferencias».[32] La memoria ejemplar utiliza la lección del pasado para actuar en el presente dentro de una situación en la que él no es actor y que no conoce más que por analogía desde el exterior.

Es vano preguntarse si es o no necesario conocer la verdad sobre el pasado: la respuesta es siempre afirmativa.[33] El trabajo del historiador, como cualquier trabajo sobre el pasado, no consiste solamente en establecer unos hechos, sino también en elegir algunos de ellos por ser más destacados y más significativos que otros, relacionándolos después entre sí;[34] hay que señalar que la representación del pasado es constitutiva no sólo de la identidad individual (la persona está hecha de sus propias imágenes acerca de sí misma) sino también de la identidad colectiva; y semejante trabajo de selección y de combinación del historiador, está orientado necesariamente por la búsqueda, no ya de la verdad, sino del bien social. Tenemos que conservar viva la memoria del pasado: no para pedir una reparación por el daño sufrido sino para estar alerta frente a situaciones nuevas y sin embargo análogas.

Pero la memoria del terror no acabó el día que cayó el gobierno militar. Hay un efecto a futuro, un efecto que perdura en la memoria social. La desaparición, la muerte, la arbitrariedad y la omnipotencia del poder son un hecho vivido pero al mismo tiempo negado, algo que ya pasó. A medida que el efecto inmovilizante del terror comienza a desvanecerse, la evidencia de la matanza y las formas que adoptó cobran un gran peso de terror que se graba con fuerza extraordinaria. Desde ese momento se sabe del poder desintegrador del Estado; de las debilidades y renunciamientos de la sociedad; de lo difícil que es sobrevivir a los embates de un poder autoritario y desaparecedor: el miedo se instala; hay una memoria colectiva que se registra lo que se ha grabado en el cuerpo social. Ese efecto del terror diferido, que los militares se han encargado de refrescar con cierta periodicidad, de maneras abiertas o solapadas, cuando amenazan “lo volveríamos a hacer”, es quizás uno de los mayores logros del dispositivo concentracionario.[35]

El racismo, la xenofobia, la violencia y la exclusión que sufren los otros hoy en día no son iguales que hace cincuenta, cien o doscientos años; precisamente, en nombre de ese pasado no debemos actuar en menor medida sobre el presente.

Aunque Auschwitz no podía preverse, algunas de sus premisas podrían detectarse mediante análisis o intuiciones aisladas. Max Weber sentó los hitos para pensar los regímenes totalitarios del siglo xx indicando los peligros de una racionalización del mundo que se transforma en dominación burocrática y en una nueva era de esclavitud; Franz Kafka representó el abismo que se abre en el mundo moderno entre la humanidad y esa aplastante «máquina burocrática», cuyas primeras víctimas serían los más débiles, esos que serían exterminados «sin haber hecho nada malo»; Walter Benjamin subrayó el carácter destructor de una tecnología sometida a un proyecto imperialista de dominación del hombre y la naturaleza. Ni Weber, ni Kafka, ni Benjamin podían imaginar Auschwitz; sus intuiciones sólo se ven detectables a posteriori. Hoy sabemos que la realidad puede superar la imaginación más fértil.[36]

Bibliografía

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[1] Comisión de la Verdad y Reconciliación del Perú, “2.4. El caso Uchuraccay”, en Informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, Lima, 2003. http://www.cverdad.org.pe

[2] «Los dispositivos de protección y de de represión que los poderes establecidos levantan para preservar el lugar privilegiado que se han otorgado a sí mismos en el campo simbólico demuestran, por si es necesario, el carácter ciertamente imaginario pero no ilusorio de esos bienes tan protegidos, como los emblemas del poder, los monumentos erigidos en su gloria, los signos del carisma del jefe, etcétera. Todo poder busca monopolizar ciertos emblemas y controlar y dirigir, la costumbre de otros. De este modo, el ejercicio del poder, en especial del poder político, pasa por el imaginario colectivo. Ejercer un poder simbólico no significa agregar lo ilusorio a un poderío “real”, sino multiplicar y reforzar una dominación efectiva por la apropiación de símbolos, por la conjugación de las relaciones de sentido y de poderío.» Bronislaw Baczko, Los imaginarios sociales. Memorias y esperanzas colectivas, Ed. Nueva Visión, Buenos Aires, 2005, p. 16

[3] «Ahora bien, un sistema de representaciones que refleja y legitima a su vez su identidad y su orden social, una comunidad instala también “guardias” del sistema que disponen de una técnica determinada de manejo de esas representaciones y símbolos. » ibídem p. 18

[4] «Indudablemente es lícito suponer que el relato autobiográfico siempre está inspirado, por lo menos en parte, por el propósito de dar sentido, de dar razón, de extraer una lógica a la vez retrospectiva y prospectiva, una consistencia y una constancia, estableciendo relaciones inteligibles, como las de efecto con la causa eficiente, entre los estados sucesivos, así constituidos en etapas de un desarrollo necesario. » Pierre Bourdieu, “La ilusión autobiográfica” en Razones prácticas. Sobre la teoría de la acción, Anagrama, Barcelona, 2004, p.75

[5] Ver Marc Augé, “La memoria y el olvido” en Las formas del olvido, Ed. Gedisa, Barcelona, 1998

[6] «Esta vida organizada como una historia (en el sentido del relato) se desarrolla, según un orden cronológico que es así mismo un orden lógico, desde un comienzo, un origen, en el doble sentido de punto de partida, de inicio, pero así mismo de principio, de razón de ser, de causa primera, hasta su término que también es un fin, una realización (telos). » Bourdieu, obra citada, p. 75

[7] Aleida Assman, “La gramática de la memoria colectiva”, en Humbolt no.137, Goethe- Institut Inter Nationes, Alemania, 2002, p. 2

[8] Ídem. Sobre el fundamento biológico de la memoria ver también Marcelino Cereijido, “Biología de la memoria” en Acta poética 27-2, pp. 15-41

[9] Josep Fontana, advierte vehementemente contra perderse en la lectura de los acontecimientos desde diversas aristas hasta caer en un exacerbado relativismo, representado en el giro lingüístico o posmodernismo, que puede hacernos perder el contacto con los problemas reales de los hombres« Problemas que no son meramente culturales y en modo alguno pueden reducirse a discurso: que tienen que ver con la esperanza de vida de los seres humanos, con la calidad de su existencia, con la pobreza en ascenso o con un porvenir sombrío.» Josep Fontana, Historia: análisis del pasado y proyecto social, Crítica, Barcelona, 1999, p. 275

[10] Martín Hopenhayn, “¿Integrarse o subordinarse? Nuevos cruces entre política y cultura” p.72 en Edgardo Lander (comp.) La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas Latinoamericanas, CLACSO, Buenos Aires, 2003

[11] Assman, obra citada, ídem

[12] ídem

[13] ibídem p. 4

[14] ídem

[15] Es importante hacer resaltar cuales son los marcos referenciales que posibilitaron la reintegración del tejido social de la comunidad uchuraccaína, es decir, aquel imaginario judeo-cristiano empapado de mesianismo. El regreso a Uchuraccay, era concebido como el largo éxodo judío por el desierto en busca de una tierra mejor, además se equiparaba a los momentos más álgidos de la violencia política con una etapa de sufrimiento ahora superada por un nuevo comienzo, el de un regreso fundante en un posible paraíso de paz y olvido. Ver Norman Cohn, “El Mesianismo de los pobres desorientados” en En pos del milenio, Ed. Alianza, Madrid, 1997

[16] Ponciano Del Pino H.: “Uchuraccay: memoria y representación de la violencia política en los Andes”. Seminario Internacional, “Memoria y Violencia Política en el Perú” (200l) http://www.cholonautas.edu.pe/memoria/ponciano.pdf /

[17] ibídem

[18] Al momento del retorno la discusión sobre el sucesivo nombre de la comunidad, Uchuraccay fue vedado, arguyendo el fuerte estigma decantado semánticamente sobre el nombre de la comunidad. Interesante de observar, es la reacción posterior, que promovida por los pobladores más jóvenes de la comunidad, propugnó la conservación del nombre Uchuraccay, en función de capitalizar la proyección potencial que la cobertura de los medios, tanto nacionales como extranjeros, habían concedido a la población. Así tenemos que, en última instancia, quedó asentado el mismo nombre a la comunidad, que retornante, buscaba desligarse del pasado y logró fundar un futuro a partir del pasado. Todo esto en la esfera de lo público, pero efectivamente, en lo individual, muchos fueron los que se vieron en la necesidad de abdicar su identidad para no ser perseguidos.

[19] ídem

[20] ídem

[21] Félix Vázquez, La memoria como acción social. Relaciones, significados e imaginario. Barcelona, Paidós, 2001, p.26

[22] «La historia oficial, por definición es la que elaboran las instituciones del Estado o sus ideólogos. Siendo todo Estado, también por denominación, una forma de dominación, el para qué de esa historia es la justificación y la prolongación de esa dominación.» Adolfo Gilly, “La historia como crítica o como discurso del poder”, en Historia ¿Para qué?, Siglo xxi, México, 2005, p. 205

[23] Tzvetan Todorov, Los abusos de la memoria, Paidós, Barcelona, 2000, p. 12

[24] Vázquez, obra citada, p.25

[25] Todorov, obra citada, p.18

[26] Vázquez, ídem

[27] Pilar Calveiro, Desapariciones. Memoria y desmemoria de los campos de concentración argentinos, Taurus, México, 2002, p. 21

[28] Ibídem, p.22

[29] Todorov, obra citada, p.20

[30] «Así, mientras se defina al Holocausto como, por decirlo de algún modo, la continuación del antisemitismo por otros medios, el Holocausto seguirá pareciendo un “conjunto de un solo elemento”, un episodio aislado que acaso arroja alguna luz sobre la patología de la sociedad donde se produjo pero que no aporta casi nada al entendimiento que podamos tener del estado normal de esa misma sociedad. Y menos aún reclama una revisión significativa del entendimiento canónico de la tendencia histórica de la modernidad, del proceso civilizatorio o de las cuestiones centrales de la investigación sociológica.» Zygmunt Bauman, Modernidad y Holocausto, Ediciones Sequitur, Madrid, 1997, pp. 21-22

[31] Vázquez, ídem

[32] Todorov, obra citada, p. 45

[33] «Quien sostenga que el pasado no es cognoscible y nos proponga que sigamos dedicándonos a descifrar las sutilezas de un mundo de palabras y metáforas no tiene nada que hacer en esta tarea. […] Un mundo que se adormecía en la certeza de un porvenir espléndido de progreso podía permitirse una clase de historia que se desentendía de la suerte común para cultivar con esmero su parcela del jardín de la cultura. El nuestro no puede pagarse tales lujos… », Josep Fontana, Historia: análisis del pasado y proyecto social, Crítica, Barcelona, 1999, p. 275-276

[34] «…las únicas ciencias auténticas son las que logran establecer entre los fenómenos vínculos explicativos. […] La historia tendrá, pues, el derecho de reivindicar su lugar entre los conocimientos verdaderamente dignos de esfuerzo, solo en la medida en que, en vez de una simple enumeración sin relaciones y casi sin límites, nos permita una clasificación racional y una progresiva inteligibilidad.» Marc, Bloch, Apología para la historia o el oficio del historiador, FCE, México, 2001, p.45

[35] Calveiro, obra citada, p.252

[36] Enzo Traverso, La historia desgarrada. Auschwitz y los intelectuales. Barcelona, Herder, 2001, p. 77-78

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